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Jane Phillimore discute algunos de los puntos suscitados por
las nuevas investigaciones
Hace doce años, visité a un médico de salud alternativa para consultarle
algunos síntomas no específicos relativos a la salud. No bien me
había sentado cuando me dijo que mi dieta requería atención radical.
Tenía que abandonar todos los productos de origen animal, el trigo,
el alcohol, y la cafeína, y en su lugar ingerir proteínas en forma
de leche de soja y tofú. En la actualidad, esta clase de consejo
es rutinario, pero en aquel momento parecía encantadoramente radical:
Yo tenía que caminar hasta la tienda de productos de salud de Clapham
para aprovisionarme de leche de soja porque la de Sainsbury no tenía
su propia marca (como la tiene ahora), y las salchichas de vegetales
y soya sólo eran un destello en los ojos de Linda McCartney.
En la experiencia, perdí mucho peso y me sentía inmensamente rejuvenecida.
Tan fue así que, cuatro meses más tarde, comencé a comer normalmente
otra vez. Más me valió, porque ahora se ha descubierto que la soja,
lejos de tener las propiedades mágicas y saludables sobre las cuales
insiste tanto la brigada de la medicina alternativa, en realidad
puede ser perjudicial para usted. La reputación de la soja como
producto que en general es anticanceroso, que reduce el colesterol,
que combate la osteoporosis, y que tiene poca grasa se basa en una
mala ciencia y en un superlativo mercadeo llevado a cabo por la
poderosa industria de la soja.
En el mundo entero, la evidencia contra la soja está comenzando
a acumularse. En este país (el Reino Unido), MAFF está tan preocupado
por los posibles problemas de salud causados por los fitoestrógenos
en la soja que está financiando un programa rotativo de 19 proyectos
de investigación separados, que deben terminar en el año 2002. Los
descubrimientos preliminares del Profesor John Ashby del Laboratorio
Central AstraZeneca de Toxicología en Macclesfield, por ejemplo,
confirman que la fórmula infantil de soja (actualmente el único
alimento de 6,500 bebés británicos) tiene un efecto estrogénico
en ratas. Según la ministra de salud pública, Ivette Cooper, no
se dará ningún consejo nuevo sobre la soja sino hasta que el COT
(Comité Sobre la Toxicidad de las Substancias Químicas en Alimentos,
Productos de Consumo, y el Ambiente), que es un comité independiente,
haya examinado los hallazgos del programa.
Esto podría requerir varios años. Mientras tanto, si usted ha sido
seducido por el mensaje de que la soja es el superalimento saludable
del siglo 21, siga leyendo ...
La soja contiene grandes cantidades de varias substancias químicas
tóxicas, que no pueden ser destruídas por completo ni siquiera con
el largo proceso de cocimiento. Éstas substancias son: los fitatos,
que bloquean la absorción de minerales por el cuerpo; los inhibidores
enzimáticos, que estorban la digestión de las proteínas; y la hemaglutinina,
que hace que las células rojas de la sangre se agrupen e inhiban
la asbsorción del oxígeno y el crecimiento. Y lo que es más controversial
de todos, la soja contiene altos niveles de fitoestrógenos (también
conocidos como las isoflavonas genisteína y daidzeína), que simulan
y algunas veces bloquean la hormona estrógeno.
Ése es el gran mito sobre el cual se ha construído la idea de la
soja "saludable". En realidad, los japoneses no comen mucha soja:
un estudio llevado a cabo en 1998 mostró que, típicamente, un japonés
come como 8g (2 cucharaditas) por día, ni parecido a los 220g (8oz)
que un occidental podría ingerir si comiera un gran trozo de tofú
y dos vasos de leche de soja.
En segundo lugar, aunque los japoneses posiblemente tienen tasas
más bajas de cáncer en los órganos reproductores, se cree que esto
se debe a otros factores dietéticos y de estilo de vida: ellos comen
menos carne con grasa, más pescado y vegetales, y menos alimentos
enlatados o procesados que en una típica dieta occidental. En tercer
lugar, los asiáticos tienen una incidencia mucho mayor de cáncer
de la tiroides y del aparato digestivo, incluyendo cáncer del estómago,
del páncreas, del hígado, y del esófago.
La soja se ha convertido en la carne y la leche de los vegetarianos,
siendo la fuente principal de proteína en su dieta. Pero, en realidad,
el comer soja pone a los vegetarianos en grave riesgo de sufrir
deficiencias minerales, incluyendo de calcio, cobre, hierro, magnesio,
y especialmente zinc. Según el Dr. Mike Fitzpatrick, un bioquímico
neozelandés que tiene un sitio web sobre la soja (véase más abajo),
esto se debe a que la soja contiene altos niveles de ácido fítico,
que bloquea la absorción de minerales esenciales en el tracto digestivo.
Para reducir los efectos de una dieta de alto contenido de fitatos,
es necesario comer, como hacen los japoneses, mucha carne o pescado
con pedacitos de soja.
La soja ha llegado a ser la opción de moda para las personas que
no "toleran" productos lácteos de origen animal. Es poco conocido
que la soja es el segundo alergeno más común. Sólo 1 por ciento
de la población es verdaderamente alérgica a la leche de vaca y,
de ellos, dos tercios tampoco toleran la leche de soja. Además,
la leche de soja tiene un alto contenido de aluminio. Esto se debe
a que el aislado de proteína de soja del cual se fabrica la leche
se lava en ácido en tanques de aluminio. No hay que asombrarse de
que tenga mal sabor.
Por años, se ha sabido que los fitoestrógenos en la soja debilitan
la función tiroidea. En Japón, una investigación llevada a cabo
en 1991 demostró que 30g diarios de soja resultan en un enorme aumento
de la hormona que estimula la tiroides. Esto puede causar bocio,
hipotiroidismo, y la enfermedad de la tiroides autoinmune.
Probablemente, y especialmente si es vegetariana. Un nuevo estudio
de los bebés nacidos de madres vegetarianas ha mostrado que los
bebés varones tenían el triple de riesgo de padecer de hipospadias,
un defecto del pene, que está presente al nacimiento. Los investigadores
indican que esto se debe a una mayor exposición a alimentos ricos
en fitoestrógeno, especialmente soja. Los niveles inapropiados de
hormonas, como los causados por una alta ingestión de soja durante
las primeras 12 semanas de embarazo, pueden también perjudicar el
cerebro en desarrollo del feto.
Los bebés alimentados con soja están participando en un 'gran experimento
con bebés humanos, un experimento que no está siendo ni controlado
ni monitoreado', dijo en 1998 Daniel Sheehan, director del Centro
Nacional para la Investigación Toxicológica de la FDA. El único
alimento de un bebé recién nacido es la leche que toma: un bebé
alimentado con soja recibe el equivalente en estrógeno a cinco píldoras
contraceptivas todos los días, según Mike Fitzpatrick. Se descubrió
que los niveles de isoflavonas de estos bebés eran de entre 13,000
y 22,000 veces más altos que los de bebés alimentados con otros
productos.
Como resultado de esta sobrecarga de fitoestrógeno, los bebés alimentados
con soja tienen el doble de riesgo de que se les desarrollen anormalidades
tiroideas, incluyendo bocio y tiroiditis autoinmune. Los varones
corren el riesgo de que se les atrase la maduración física, mientras
que las niñas corren el riesgo de una pubertad precoz (1 por ciento
de las niñas muestran ahora señales de pubertad, tales como desarrollo
de los senos o vello púbico, antes de los tres años de edad) e infertilidad.
Los investigadores también han indicado que diabetes, cambios en
el sistema nervioso central, extrema conducta emocional, asma, problemas
con el sistema inmunológico, insuficiencia pituitaria, e IBS pueden
ser causados por una alta ingestión de fitoestrógenos al comienzo
de la vida.
El año pasado, los compuestos de soja también estuvieron envueltos
en el desarrollo de leucemia infantil. Actualmente, el gobierno
(del Reino Unido) aconseja que la leche materna es la mejor, y que
la fórmula de soja no debería dársele a los infantes a menos que
sea por consejo de un profesional de la salud.
El ex-comerciante en bonos de alto risego, Michael Milken, ciertamente
cree que sí. Él consume 40g de proteína de soja todos los días con
ese propósito. La ciencia es menos concluyente. Un reciente estudio
sobre los japoneses-norteamericanos que viven en Hawaii demostró
que los hombres que habían comido dos o más porciones de tofú por
semana durante su mediana edad no sólo habían 'acelerado el envejecimiento
del cerebro', y aumentado a más del doble la incidencia de la enfermedad
de Alzheimer y la demencia, sino que también se veían cinco años
más viejos que los hombres que no lo habían comido.
La evidencia es muy inconclusa. En la Dieta de Protección Contra
el Cáncer del Seno, publicado el año pasado, el Dr. Bob Arnot afirma
que el comer entre 35g y 60g de proteína de soja diariamente protege
contra el cáncer del seno aumentando la ingesta de genisteína, que
es un bloqueador de estrógeno. Pero esto pasa por alto la evidencia
en contrario. En 1996, una investigación demostró que las mujeres
que comen soja tenían una mayor incidencia de hiperplasia epitelial,
una condición que presagia malignidad. En 1997, se encontró también
que la genisteína en la dieta estimulaba las células del seno humano
para que entraran en el ciclo celular. Como resultado, los investigadores
aconsejaron a las mujeres que no comieran productos de soja para
evitar el cáncer de seno.
No. En realidad, la soja bloquea el calcio y causa deficiencia
de vitamina D, que se necesitan para tener huesos fuertes, dicen
las nutricionistas y desenmascaradoras de la soja Sally Fallon y
Mary G. Enig.
Sí. Los productos fermentados de soja, como la salsa de soja, el
tempeh, y el miso. El largo proceso de fermentación contrarresta
los efectos de las toxinas naturales de la soja.
Es difícil. Usted puede dejar de comer los candidatos obvios, como
la leche de soja y el tofú, pero la soja se encuentra también en
cereales para el desayuno, helados, comidas rápidas como las hamburguesas,
dedos de pescado, y la lasagna, y todas las clases de alimentos
horneados, desde pasteles y bizcochos hasta las tortillas mexicanas
y el pan. Si esa es su misión en la vida, lea las etiquetas cuidadosamente,
y evite los alimentos orgánicos procesados siempre que pueda.
Los científicos están sólo comenzando a investigar y a entender
los perjudiciales efectos a largo plazo que el comer grandes cantidades
de soja puede tener en el cuerpo humano. Como escriben Fallon y
Enig: "Por años, la industria ha sabido que la soja contiene muchas
toxinas. Al principio, le dijeron al público que las toxinas eran
eliminadas mediante el procesamiento. Luego afirmaron que estas
substancias eran saludables. Todo parece indicar que habrá una gran
batalla en el futuro cercano.
Para mayor información [en inglés] visite Soy
Online Service, una detallada fuente de información sobre
la soja, administrada por el Dr. Mike Fitzpatrick.
Comentario del Dr. Mercola: Un excelente informe que
ilustra los peligros y los erróneos conceptos sobre la soja.
Sin embargo, un punto en el artículo con el cual yo discreparía
es la afirmación del autor de que sólo el 1 por ciento de la población
es alérgica a la leche de vaca. Aunque esto puede que sea cierto
con relación a los métodos convencionales de diagnosticar alergias,
la gran mayoría de la población sufre en algún grado de alergia
o sensibilidad a la leche de vaca, y haría mejor en evitarla por
completo.
Sería mejor evitar tanto la leche de vaca como la "leche" de soja,
y beber sólo agua.
Traducción: Román
Quirós M.
Fuente: Sitio
de Román Quirós M.
El original se encuentra en el Optimal
Wellness Center, que a su vez lo reproduce de la edición de
Agosto 27, 2000 del Sunday Observer
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